Hubieron tantos días en que yo me sentí morir
la soledad que me rodeaba
no me dejaba ver la luz,
creí que no había salida y
que estaba condenado a sólo vivir.
Te busqué con apremio y desesperación
pero en cada paso que daba solo
hallé tristeza y desilusión
hasta que un día llegaste tu.
Al principio te traté con indiferencia y frialdad
pero hoy ya comprendo que todo
fue por mi inseguridad, no quería
ilusionarme, no quería otra decepción.
Pero fue tu sinceridad, amor, y tu paciencia
las que fueron abriendo poco a poco mi corazón,
tuve más confianza para volverme a enamorar
y gracias doy al cielo por haberte conducido
hacia mi, para liberarme de las cadenas
que la tristeza tendió sobre mi.
Mis días ahora son completos y no tengo razones
para volver a llorar; Dios te ha enviado
para, junto, caminar rumbo a la eternidad.